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LA VOZ LIBRE

CONDESA ROMANONES

Aline Griffith, condesa de Romanones, sentía celos de su amiga Audrey Hepburn

Efe
domingo, 27 de junio de 2010, 10:57
Aline Griffith, condesa de Romanones, sentía celos de su amiga Audrey Hepburn


Aline Griffith, condesa de Romanones, sentía celos de su amiga Audrey Hepburn Aline Griffith, condesa de Romanones, sentía celos de su amiga Audrey Hepburn

Madrid.- Con una vida llena de momentos tan apasionantes como peligrosos, Aline Griffith, condesa viuda de Romanones y ex agente de la CIA, desvela en sus memorias, "El fin de una era", su amistad con presidentes de gobierno, toreros y estrellas de Hollywood, así como sus celos de Audrey Hepburn.

"He procurado no hacer daño, espero que nadie se moleste con mis memorias" dijo a EFE en una entrevista en su residencia madrileña, un chalet arropado con un halo decadente, repleto de libros y bustos de la Mérida romana, donde Ava Gardner asistió a muchas cenas con amigos como Luis Miguel Dominguín, con quien mantuvo un romance.

A sus 87 años, orgullosa de sus orígenes, Griffith, que nació en Pearl River (Nueva York, EEUU) en 1923, y licenciada en Literatura, Historia y Periodismo, presume de cómo su trabajo como espía le permitió "codearse con la alta sociedad madrileña y lucir exclusivos diseños de alta costura".

Tras ser reclutada por el "Office of Strategic Services" (OSS), el primer servicio de inteligencia de Estados Unidos, en 1944 debutó como agente secreta en Madrid. Su objetivo: espiar a los nazis.

Un trabajo apasionante y peligroso que desempeñó bajo el seudónimo de "Tigre" y que la obligó a recibir una formación dura y a aprender a disparar con pistola, matar en silencio con cuchillo o tirarse en paracaídas. "He estado en la cárcel y he disparado", dijo Griffith.

En ese Madrid de los años 40 conoció a Luis Figueroa, conde de Quintanilla, con quien estuvo casada cuarenta años y tuvo tres hijos. "Nos quisimos mucho, era un hombre apuesto y culto", aseguró.

Gracias a él entabló amistad con los presidentes de Estados Unidos Richard Nixon y Ronald Reagan, con Ava Gardner, Audrey Hepburn, Deborah Kerr, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco; con Jacqueline Kennedy, la duquesa de Alba o Imelda Marcos, o con los duques de Windsor.

Precisamente, en una de las visitas del matrimonio Windsor a España, los condes de Romanones tuvieron la ocasión de conocer al dictador Franco en Mudela (Jaén), un afamado coto de caza de perdiz. "El generalísimo Franco era una persona sencilla y cariñosa", comentó.

Otra de las pasiones de la condesa de Romanones son las corridas de toros. Cortejada por Juan Belmonte y amiga íntima de Luis Miguel Dominguín, era una asidua de las Ventas. Aún hoy disfruta de los toros y le parece una "tontería" su prohibición en Cataluña.

"Ava Gardner era alcohólica", señaló Aline Griffith, que, según cuenta, hacía lo posible por retirar de su lado la bebida, pero ella conseguía beber incluso cuando jugaba al tenis con sus hijos.

Deborah Kerr y Audrey Hepburn fueron dos de sus mejores amigas, "ambas sencillas, honestas, discretas y con gran sentido del humor", aunque Hepburn, a su entender, "era poco sociable".

Unas amigas, éstas, de las que en ocasiones sentía celos porque su apuesto marido les prestaba demasiada atención: "Esos celos me servían para ocuparme más de él", aseguró.

Su matrimonio le brindó grandes oportunidades pero también la obligó a abandonar su profesión tras la luna de miel. A Griffith no le importó -"estaba muy enamorada"- y cambió las peligrosas misiones por conferencias políticas en Estados Unidos, que le sirvieron "para conocer muy bien mi país -explicó- y para volver más tarde al espionaje, hasta 1986".

No echa de menos aquellos tiempos. Vive una nueva época y lleva una vida social tranquila, prefiere caminar, nadar y, de vez en cuando, montar a caballo y escribir. "Estoy preparando una novela histórica", desveló la autora de "La espía vestida de rojo", un éxito de ventas en Estados Unidos.

Ahora, le gusta disfrutar de sus tres hijos, sus trece nietos y sus dos biznietos, a los que les encanta que les muestre sus sofisticadas armas de defensa tales como "plumas que esconden afiladas navajas o inyecciones con líquido para dormir al enemigo", explicó.

Vital y enérgica, Griffith mantiene intacta la elegancia que tantos éxitos le hizo cosechar como modelo en Nueva York y tantas puestas le abrió como espía.

 

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