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LA VOZ LIBRE

GUILLERMO SACCOMANNO

Guillermo Saccomanno invita a indagar en "el otro yo" en "El oficinista"

Efe
lunes, 17 de mayo de 2010, 16:47
Guillermo Saccomanno invita a indagar en


Guillermo Saccomanno invita a indagar en "el otro yo" en "El oficinista" Guillermo Saccomanno invita a indagar en "el otro yo" en "El oficinista"

Madrid.- Convencido de que "todos somos otro", el escritor argentino Guillermo Saccomanno se pone de ejemplo y dice que él no es el mismo cuando "con soltura" presenta hoy en España "El oficinista", su novela galardonada con el Premio Biblioteca Breve, que aquel autor "achicado" que sufrió el rechazo de los editores.

"Ni -afirma tajante- soy el mismo Saccomanno cuando quiero pensar como Jonh Lennon y entonar "Let it be", que cuando me planteo si no será necesaria la violencia para cambiar la sociedad" que genera hambre, desempleo y pobreza.

Saccomanno, un gran desconocido en España hasta que el pasado febrero fue distinguido con el premio que otorga la editorial Seix Barral, se muestra hoy afable y sonriente en su entrevista con Efe, una imagen distinta de la que cabría esperar de alguien que desde la primera a la última página impregna su obra de violencia.

La violencia y la identidad son los dos grandes ejes de "El oficinista", una obra que el autor redujo en su formato final a doscientas páginas y que escribió en tan solo un mes.

Dejando a un lado la modestia, afirma ser "muy rápido", pero, explica: "La eficiencia no garantiza la calidad".

Una condición, la de la calidad, que sí reconoció el jurado del Premio Biblioteca Breve en "El oficinista" al decidir otorgarle el premio "por unanimidad" y reconocer que se trataba de una "obra mayor".

Una obra que invita a buscar al "otro" para encontrar el verdadero "yo". Y es que en la novela todos los personajes son "verdugos y víctimas", afirma Saccomanno, con una dilatada carrera literaria que le valió el Premio Nacional de Literatura en su país de origen en 2002, además de otros reconocimientos.

"El oficinista" cuenta una "historia que pasó ayer pero que aún no ha sucedido y que, sin embargo, transcurre ahora". Porque, según relata el autor, le interesaba trabajar "la temporalidad, que el pasado pareciese el presente".

Saccomanno juega igualmente con los límites de la realidad y de la ficción a lo largo de todas las páginas de su obra, que invita a abordar con "humor".

Y es que, cuando el lector toma en sus manos el texto, se adentra en una atmósfera de destrucción y apocalipsis.

"El oficinista" pese a localizarse en una ciudad innominada, hace volver la mirada a Buenos Aires o Sao Paulo.

Una ciudad cuya cotidianeidad, salpicada por atentados guerrilleros, transcurre vigilada por helicópteros artillados que iluminan el transitar de los perros clonados y de los edificios que pueblan las grandes avenidas.

A uno de ellos se dirige cada mañana el protagonista de la obra, que como los demás personajes carece de nombre, pero a quien sólo le hace falta un resquicio de amor para tratar de salvarse del infierno.

Su idealizado romance con una secretaria se convierte en un espejismo, pero aún así es el único camino para la salvación, por el que transitará haciendo constantes guiños a los instintos asesinos de su "otro yo".

Saccomanno se prodiga en las frases cortas, porque, tras confesarse "un poeta frustrado", considera que, "si algo se puede contar en diez palabras, no deben emplearse once".

Y su efectividad también proviene de imprimir un carácter cinematográfico a una obra que vincula con la "literatura de oficina", como él la llama, que se cultivó en el siglo XIX, y con Kafka, del que se considera heredero.

Se revela un "fanático" de la literatura rusa, pero no se inscribe en ninguna corriente, al tiempo que defiende lo particular frente a lo universal.

Y con la máxima de que un autor "escribe lo que puede, y no lo que quiere", Saccomanno afirma que en estos momentos divide su tiempo entre una novela de ficción y la realidad, con un texto dedicado a un amigo "desaparecido y torturado" durante la dictadura argentina.

No rehuye al ser preguntado por el caso del juez Baltasar Garzón, quien dejó el pasado viernes su puesto en la Audiencia Nacional.

"Me parece una 'hijaputez', porque creo que (Garzón) fue un ejemplo y para nosotros un símbolo", concluye Saccomanno, con la "autoridad", dice, que le da ser argentino.

Mercedes Bermejo

 

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