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El Museo Británico expone su rica colección de grabados chinos

Efe
lunes, 03 de mayo de 2010, 09:12
El Museo Británico expone su rica colección de grabados chinos


El Museo Británico expone su rica colección de grabados chinos El Museo Británico expone su rica colección de grabados chinos

Londres.- La colección de grabados chinos del Museo Británico es sin duda una de las más completas e importantes del mundo fuera del país de origen, y algunos de los tesoros que conserva esa institución podrán admirarse por primera vez ahora en una exposición.

La colección la inició el propio fundador del museo, Hans Sloane, un médico de origen irlandés que llegó a presidente del Colegio de Médicos británicos y sucedió a Isaac Newton como presidente de la Royal Society y que a su muerte, a los 93 años, en 1753, había logrado reunir 71.000 objetos de todo el mundo, desde plantas y conchas hasta monedas y manuscritos.

En los dos siglos y medio transcurridos desde entonces, la colección de grabados chinos es una de las más importantes de Europa aunque se la repartan actualmente el museo y la institución hermana, la Biblioteca Británica, que se mudó hace unos años a un edificio independiente.

El papel se fabricaba ya en China en el tercer siglo de nuestra era y la impresión sobre papel la inventaron también los chinos en torno al año 700 de nuestra era.

La Biblioteca Británica conserva la primera imagen impresa con un bloque de madera, el frontispicio de un texto budista llamado el Sutra del Diamante, el libro impreso más antiguo que se conoce, fechado en 868.

Como señala en el catálogo la comisaria de la exposición Clarissa von Spee, la imprenta conoció un gran auge en China gracias sobre todo al budismo, que se convirtió en religión del Estado en la dinastía Sui (589-618), y la distribución de imágenes para fines de propaganda religiosa favoreció la producción en masa.

Tras el fuerte crecimiento demográfico y el aumento de riqueza, de la movilidad geográfica y el alfabetismo registrados durante la dinastía Ming (1368 a 1644), las ciudades de Nanhing y Suzhou, cerca de la actual Shanghai, se convirtieron en los siglos XVII y XVIII en centros donde, a la sombra de una clase educada y de ricos mercaderes, florecieron las artes de la impresión.

Algunos letrados incapaces de encontrar empleo como funcionarios de la corte se embarcaron en proyectos de ese tipo y comenzaron a publicar manuales en dos y hasta en cinco y más colores, para los que existía una fuerte demanda.

Los motivos de muchos de esos grabados populares van desde deidades y otros espíritus titulares hasta ilustraciones de historias y leyendas.

Los encargos más importantes en materia de grabados impresos los hicieron dos de los más poderosos emperadores de la dinastía Qing, Kangxi (1662-1722) y su nieto Qianlong (1736-91), con quienes el imperio chino alcanzó su máxima expansión.

Se dice que el segundo logró reunir la mayor colección de arte del mundo en su época. Qianlong empleó además a misioneros jesuitas para aprender de ellos las últimas tecnologías europeas y se embarcó en una campaña de propaganda mediante la imagen.

Siguiendo el camino inverso de un invento -de Europa a China, esta vez- el grabado en cobre lo introdujeron los jesuitas bajo el emperador Kangxi, quien invitó al misionero italiano Matteo Ripa a reproducir mapas de su imperio elaborados por esos religiosos.

Kangxi encargó también una "Ilustración de Agricultura y Sericultura", serie de grabados que debían exhibir ante el mundo la prosperidad de su imperio, mientras que en 1747 Qianlong pidió a otros dos misioneros, Giuseppe Castiglione y Michel Benoist, que hicieran los planes de un nuevo complejo palaciego, inspirado en las imágenes que había visto de los palacios barrocos europeos.

Algunos de esos grabados, así como otros que conmemoran los éxitos militares de su reinado con la representación de batallas ganadas desde el Vietnam hasta Turkestán, podrán verse también en la exposición del Museo Británico hasta el 5 de septiembre.

Otra sección de la exposición se centra en el llamado Movimiento Xilográfico moderno, iniciado por el monje budista, poeta, pintor, calígrafo, actor y educador Li Shutong (1880-1942) y el escritor revolucionario Lu Xun (1881-1936), que vieron en el grabado un medio ideal para dirigirse a las masas chinas y expresar la necesidad de transformación social y política que tenía el país.

Ambos habían estudiado en el Japón y comprendían la importancia de la literatura y el arte en la formación de un moderno Estado nación, y Lu Xun en concreto simpatizaba con el Partido Comunista Chino, fundado en Shanghai en 1921.

La última parte está dedicada a los grabados del período republicano (1929), de la era de Mao (1949-76) y de la época de reformas y apertura al mundo a finales de los XX, favorecidos por el establecimiento de sendos departamentos de grabado en las academias de Bellas Artes de Pekín, Hangzhou y Chongqing.

 

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