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La misteriosa desaparición del manto de la Reina Sancha de León

Se le perdió la pista tras la "Revolución Gloriosa"

Efe
jueves, 06 de agosto de 2009, 18:56
La misteriosa desaparición del manto de la Reina Sancha de León


La misteriosa desaparición del manto de la Reina Sancha de León La misteriosa desaparición del manto de la Reina Sancha de León

León.- El cadáver de Doña Sancha, hija de la Reina Urraca y del Conde Raimundo de Borgoña, reposa sin el rico manto de bordados de oro que le dedicó Isabel II: un misterio para el que hay algunas respuestas y mucha tradición popular.

La Real Colegiata de San Isidoro retiene entre sus muros misterios y leyendas propias de sus nueve siglos de historia, como el del manto que Isabel II ofreció para tapar el cuerpo incorrupto de la Infanta-Reina Doña Sancha, vestimenta que desapareció tras la revolución Gloriosa.

Varias teorías se han escrito al respecto del paradero de la prenda "de gran calidad, buen bordado, y cosidos en oro", aunque se trata de un suceso sobre el que la leyenda ha incidido y sobre el que se ha vertido la especulación popular, según el abad emérito de San Isidoro, Antonio Viñayo.

La Infanta Doña Sancha nació en el año 1102 y fue nombrada por su hermano, el Emperador Alfonso VII, como Reina para "ayudar en las tareas de gobierno", según recordó Viñayo.

Doña Sancha falleció en el año 1159 en "loor de santidad" y como Reina, por lo que le correspondía que su cuerpo descansara en el Panteón de los Reyes, dentro de la Basílica de San Isidoro, en un sepulcro cubierto por una piedra.

El abad señala que era "costumbre" de los reyes que, al visitar este Panteón Real, descubrieran las lápidas, por lo que se pudo constatar que el cuerpo de la reina leonesa permanecía incorrupto, "como si se hubiera momificado de forma natural".

EL CUARTEL DE LAS TROPAS FRANCESAS

Durante la Guerra de la Independencia, la Colegiata fue utilizada por las tropas francesas como cuartel y el panteón como "pesebre para bestias", tal y como se recoge en varias publicaciones de Historia de España, mientras que el resto de la basílica fue objeto de saqueo y destrucción, incluido el Panteón Real.

También el sepulcro de Doña Sancha fue "maltratado", aunque una vez que las tropas abandonaron León, el Cabildo recuperó el cuerpo de la reina y habilitó el reposo para su cuerpo momificado.

Cuando Isabel II visitó San Isidoro y las obras de restauración del Panteón Real quiso cumplir el "anhelado deseo de contemplar, momificado, el cuerpo de Doña Sancha".

El Cabildo introdujo el cuerpo de la reina en una caja de madera de nogal, que actualmente se encuentra en el Parador de San Marcos, dejando los restos al descubierto.

"La reina, emocionada ante la presencia de su ascendiente, ofreció, para dar a los restos regios el regio carácter adecuado, unas ropas adecuadas, cetro y corona", según un artículo que años mas tarde publicó la prensa leonesa.

Así, en 1867, el gobernador civil de la provincia de León, Pedro Elices González Alba, el obispo y otras autoridades recolocaron el cuerpo en la urna pero vestido con "la decencia y el debido respeto", cubriendo la momia con las ricas vestiduras, el cetro y la corona que envió Isabel II.

DESAPARICIÓN TRAS LA "REVOLUCIÓN GLORIOSA"

Sin embargo, la Revolución Gloriosa del año siguiente, 1868, que supuso el derrocamiento de Isabel II, trajo un cambio de autoridades y quedó Tomás de Aquino Arderius con el cargo de Gobernador Civil y con el estigma de "principal sospechoso" de la desaparición del manto regio.

Según ha relatado Antonio Viñayo, a Arderius "se le metió en la cabeza" ver el cuerpo de la Infanta Reina en el Panteón Real, y "se entusiasmó con el manto" y al parecer, el gobernador ordenó retirarlo para hacer una copia y enviárselo a su mujer: nunca más apareció.

Algunos autores apuntan a que el gobernador, acompañado por la Guardia Civil, se incautó de ese ropaje y de otros objetos de valor del Panteón y de la Basílica para satisfacer al nuevo Gobierno de España, que acaba de crear el Museo Arqueológico Nacional.

A principios del reinado del Alfonso XIII, éste recuperó la tradición de ver el cadáver de la Infanta Reina, pero "parece que no le gustó lo que vio", dijo el abad.

Sea como fuere, el manto nunca volvió a verse y el cuerpo de la reina se envolvió en un humilde crespón. "ahí está, envuelta y enterrada en el mismo lugar", relata el anciano abad.

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