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LA VOZ LIBRE

Leche y Miel

9 de Av

Fabián Glagovsky
miércoles, 05 de agosto de 2009, 16:48

Hace unos días, el calendario hebreo marcó el 9 del mes de Av, en hebreo, 'Tisha beAv'. En esta fecha se realiza un ayuno completo -sin comer ni beber nada- en recuerdo de las dos destrucciones del Templo de Jerusalem, las cuales ocurrieron el mismo día. El 9 de Av del año 586 a.e.c., Nabucodonosor de Babilonia destruyó el primer Templo, construido por el rey Salomón, y se llevó a parte de la población al exilio. Setenta años después, los líderes de la comunidad volvieron de Babilonia y reconstruyeron el Templo. El Rey Herodes, años después, lo embelleció hasta tal punto que, pese a odiar a Herodes, un monarca cruel, la comunidad judía dejó testamento en el Talmud de que “quien no ha visto el Templo de Herodes, no ha visto un edificio bello en su vida”. Éste fue destruido por los romanos en el año 70 de la era común y, desde entonces y hasta 1948, la comunidad judía vivió física y espiritualmente en el Exilio. Cuando en 1948 se fundó el Estado de Israel, el Exilio físico llegó a su fin, pero el Templo no fue reconstruido. Hoy en día, la mezquita de Al-Aqsa, el Domo de la Roca y varias madrazas musulmanas se levantan en la explanada bajo la que reposan las ruinas del templo judío.

No es la presencia musulmana lo único que impide una tercera reconstrucción del Templo. El judaísmo rabínico, conformado a partir y como consecuencia del Exilio, adaptó y modificó sus ritos para una realidad sin Templo. La sinagoga reemplazó al Templo. Las plegarias y la lectura cíclica de la Torá reemplazaron los sacrificios de animales. Es hoy un consenso casi total en el pueblo judío, que cambiar el judaísmo para volver al formato del culto en el Templo sería imposible e indeseable.

A pesar de esto, la esperanza mesiánica judía considera que cuando llegue el Día del Juicio, el Templo será reconstruido milagrosamente, Dios se unirá nuevamente con su Divina Presencia (Shejiná) y revivirán los muertos para cantar alabanzas a Dios, que volverá a habitar en su morada en Jerusalem. El Templo en ruinas simboliza entonces la continuada presencia del mal en el mundo, los defectos de la realidad y el temporal Exilio espiritual del pueblo judío de su Tierra (aún cuando uno físicamente pueda vivir allí). Por eso, el 9 de Av sigue teniendo un significado importantísimo para los judíos más religiosos.

Pero para nosotros, los judíos más laicos, ¿cómo podemos seguir llorando por el Exilio, si con el Estado de Israel somos nuevamente independientes? ¿Para qué llorar por el Templo si no sabríamos qué hacer con él, de tenerlo? Pero si somos perspicaces, nos damos cuenta que el judaísmo histórico nunca rechazó de pleno la tradición, siempre la re-significó. Por lo tanto, podemos buscar elementos que evidencien que nuestros deseos no se han cumplido, cosas que se puedan lamentar hoy en día. Y como el mundo para los judíos no es perfecto, es fácil encontrar por lo que llorar. El Holocausto, por supuesto, viene en primer lugar; todos nuestros parientes europeos que hemos perdido y todos sus hijos, a quienes nunca podremos conocer. El antisemitismo que no ha desaparecido tras él, es evidencia de la imperfección del mundo.

Pero también, y ya que hablamos del Templo en Jerusalem, podemos lamentar el hecho de que un judío (o alguien que simplemente lo parezca) no puede recorrerla seguro, porque en ciertos barrios un extremista palestino pueden acuchillarlo. Podemos lamentar que a ciertos políticos de otros países les parezca terrible que haya judíos que deseen vivir en lo que aquéllos han denominado injustificadamente 'Jerusalem oriental árabe', y que hagan creer que la paz no llega por culpa de estos 'colonos'. Lamentar el hecho de que ningún país acepta que nuestra capital se ubica donde nosotros decimos que está, y que todas las embajadas se hayan mudado a Tel Aviv. Lamentar que por los atentados hayamos tenido que construir un muro horrible que se ve desde cualquier colina de Jerusalem y lamentar que a muchas personas en el mundo les duela más que exista un muro a que mueran unos israelíes en atentados suicidas. Podemos lamentar, en fin, la verdadera paz que no llega.

Este 9 de Av di un paseo por Jerusalem. Por supuesto, fui a visitar el Muro de los Lamentos (llamado Kotel, en hebreo); la única pared que ha quedado en pie de todo el complejo del Templo. Pero en este caso, los casi 2000 años de historia reflejados en las piedras doradas me separaban de la emoción que desgarraba a otros judíos a mi lado. Fue sólo cuando volviendo por el barrio judío vi el frente pleno de andamios de la nueva sinagoga Hurvá, que el significado del 9 de Av me alcanzó.

La sinagoga Hurvá fue destruida dos veces, como el Templo. La primera vez en 1721, cuando el pashá turco dejó en bancarrota a la comunidad judía azkenazí que la había construido, a fuerza de pedirle continuos sobornos (Baksheesh) que eran la única manera en que se podía obtener autorización para construir en el Imperio Otomano. Los judíos no pudieron pagar las deudas y los acreedores árabes incitaron a la plebe a destruir la sinagoga. De allí tomó el nombre informal de Hurvá (ruina, en hebreo). Había durado 21 años. La sinagoga fue reconstruida en 1857. Esta vez duró 91 años. Los jordanos, después de capturar el barrio judío de la Ciudad Vieja en 1948, se dedicaron a destruir una por una todas las sinagogas de Jerusalem. Hurvá volvió a ser una ruina. En el año 2000 el Gobierno israelí aprobó los planos para su segunda reconstrucción y en la actualidad está casi terminada. Mantiene la imagen que tenía en 1948, cuando era la principal sinagoga de la ciudad, tan grande como la Iglesia del Santo Sepulcro y la Mezquita de Al-Aqsa. Cuando vi sus famosos arcos trazados en los costados, en finas líneas blancas, imágenes que sólo había visto en fotos, no pude más que llorar.

 

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Encontrados 2 comentarios
Dice ser yosef ben da
sábado, 04 de diciembre de 2010, 02:13
quiero que mi mano limpia sea la que ponga la piedra fundamental en beit hamikdash la casa de HASHEM

Dice ser No soy judio
miércoles, 26 de agosto de 2009, 13:18
pero no puedo por menos darle toda la razón al autor, en un pais que lo "moderno" y lo "progre" es ser antisionista y propalestino, sin tener en la inmensa mayoria de las veces la más minima idea de historia, quiero manifestar mi apoyo a todo el pueblo judio fuera y dentro de su legitima nación, Israel y su capital, al menos religiosa Jerusalen.

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