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LA VOZ LIBRE

Fobias

Manu Martínez
sábado, 18 de julio de 2009, 00:25

 

(18.07.09) Las fobias han dado mucho juego en mitad del encaje de bolillos de la financiación autonómica. Manuel Chaves fue pionero en el ingenio lingüístico y afirmó que Esperanza Aguirre sufría de “catalanofobia y andalucifobia” por criticar el nuevo reparto de fondos. Metidos en harina, Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, replicó a los socialistas: “Zapatero tiene madrileñofobia”. Las fobias conviven con nosotros, revelan los miedos, los pánicos y también las vilezas.

Las fobias no se dejan cuantificar ni a veces tampoco explicar, surgen espontáneamente o responden a ideas ranciamente arraigadas, nos pueden avergonzar o servirnos para tapar complejos, también resulta difícil eliminarlas, son peligrosas, dañinas y caprichosas, pues aguardan latentes para aparecer en el momento más ordinario de nuestras vidas.

Dos semanas después del Día del Orgullo Gay en Madrid, en un viaje en tren de vuelta del trabajo, una mujer corriente, con una voz corriente y una ropa corriente le dice a su amiga corriente: “Los putos maricones sí que viven bien. No sé de qué se quejan”. La amiga respondió como lo harían muchos ciudadanos a un comentario homófobo, corrientemente con un “ya…”. A esta clase de fobias, que poco tienen que ver con un trastorno de salud emocional (¿o sí?), les gusta nacer de un prejuicio y son comunes también entre quienes nos gobiernan.

El caso más reciente y alarmante fuera de nuestras fronteras, en los Países Bajos, lo protagoniza Geert Wilders, líder del Partido para la Libertad (PVV), quien con su mensaje islamófobo y xenófobo sedujo a sus compatriotas y se colocó como la segunda fuerza más votada en su país en las últimas elecciones europeas.

Algunas fobias tienen un carácter juguetón y se prestan a que las redefinan. La claustrofobia, harta de ser el miedo a los lugares cerrados, ha decidido que era necesario transformarse en el pánico a los claustros de las iglesias, porque no entendía tanta sexofobia entre los religiosos. La última en declararse en rebeldía es la fotofobia –el temor o la aversión a la luz-, que se ha puesto a trabajar para que los políticos la padezcan en su nueva versión: el temor a hacerse la foto.
 

 

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Encontrados 5 comentarios
Dice ser roberto
sábado, 25 de julio de 2009, 02:21
El problema que subyace y que nadie tiene las agallas de reconocer en público es el siguiente:
La catalanofobia en el pueblo español existe desde hace siglos.
Esta catalanofobia se traduce en rechazo, ignorancia, ninguneo, descalificación, postergación, odio y sobre todo negación a todo lo catalán
Hasta hace poco el problema era algo relativamente anecdótico y al que los catalanes se habían acostumbrado a conllevar despues de siglos.
Pero ahora la cosa es mucho más grave. La catalanofobia ya está presente en muchos ciudadanos de Catalunya.
Si la mayoría de ciudadanos de Catalunya fueran catalanófobos la situación para los catalanes sería prácticamente de muerte civil en su propio territorio.
La manera de impedirlo es relativizando (que no rompiendo) los vínculos y conexiones culturales de la ciudadanía catalana con la fuente originaria de la catalanofobia , es decir la España castellana.
El primer paso es la lengua. Pero no el único.

Dice ser roberto
lunes, 20 de julio de 2009, 20:29
Por cierto hoy en día el antisemitismo es delito en muchos países al igual que la homofobia.
Solo estoy dando ideas.

Dice ser roberto
lunes, 20 de julio de 2009, 18:44
Este es el quid de la cuestión y no tanto la lengua. Dos mentalidades diferentes que se contraponen en un mismo espacio.

Dice ser a roberto
lunes, 20 de julio de 2009, 10:21
ni más ni menos, la historia negra de españa es así. La catalanofobia es atávica al ser español. Basta leer a Quevedo para percatarse además que es secular, y que viene estallando con virulencia a brotes cuando cataluña intenta levantar (mínimamente) la cabeza. No es un invento franquista. Les acosejo revisen el discurso del general Prim en las Cortes allá por 1850, se podía decir más alto pero no más claro. O que revisen los discursos de la derecha española en las cortes en el debate del estatut de 1932, Ortega y Gasset incluido. Según Gaziel (poco proclive por cierto a aventura independentistas) la catalanofobia era debido a dos manera de entender el mundo, dos cosmovisiones totalmente diferentes de la vida: por un lado la castellana, mística y guerrera, que no entiende de otra manera que la represión del distinto, cmo se ha demostrado a lo largo de la historia, y por otra la catalana, más material y acorde con soluciones compuestaa. A su parecer, no podía haber dos pueblos más distintos en cuanto a mentalidad, y el hecho de que tuvieran que convivir en un mismo estado era una gran tragedia, además sin solución, ya que la incomprensión mutua era simplemente irreconducible.

Dice ser roberto
lunes, 20 de julio de 2009, 02:06
La catalanofobia tiene su origen en el medievo.
Casi tan antigua como la judeofobia o antisemitismo.
No se si los catalanes descienden de los anushim o de los fenicios o de los polacos (de los de antes de auschwitz). Lo cierto es que sin la fe de bautismo haría siglos que habrían quemado en las hogueras de la intolerancia hispana.
Ahora simplemente padecen el odio irracional y visceral que encuentra un sinfín de justificaciones en cualquier evento de índole menor.
España es un país intolerante. Intolerante hacia los catalanes. Probablemente también hacia los gays, moros, sudacas, aunque no tanto ....Antiguamente lo fue con los judíos, los protestantes, los gitanos, los rojos, los liberales, los conversos, los mudéjares, los criptojudaicos, los librepensadores, los masones, los republicanos, los marxistas, las mujeres.......
Lo extraño es que ahora, lejos de pedir perdón humildemente por siglos de intolerancia quieran mostrarse como paladines de la libertad y la democracia y traten de colgar a sus víctimas el sambenito del agresor. Eso ya es demasiado cinismo. O la estupidez propia de un pueblo ignorante.

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