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LA VOZ LIBRE

JOSÉ CARLOS LLOP

Llop le pone mirada literaria a Palma en "La ciudad sumergida"

Efe
miércoles, 17 de marzo de 2010, 12:57
Llop le pone mirada literaria a Palma en


Llop le pone mirada literaria a Palma en "La ciudad sumergida" Llop le pone mirada literaria a Palma en "La ciudad sumergida"

Madrid.- Hablar de ciudad y literatura es decir Balzac, Cavafis, Baudelaire, Pessoa o Pamuk, entre otros autores, cuyos libros han quedado ligados al conocimiento y la transformación de París, Alejandría, Lisboa o Estambul. Ahora José Carlos Llop publica "La ciudad sumergida", el libro de la ciudad de Palma.

"En la ciudad sumergida", publicado por RBA, es el relato que ha escrito José Carlos Llop (Palma, 1956) para quedarse en paz consigo mismo, un sueño de infancia y juventud, contrastado con el siglo XXI, por donde caminan Robert Graves, Jean Seberg, Joan Miró, Lloren Villalonga, Graham Green, Camilo José Cela o Miquel Barceló.

Un libro sobre Palma cuya voz es la misma que la de este poeta, ensayista, narrador y traductor, que cita al novelista irlandés John Banville cuando dice que 'la mejor manera de escapar de Irlanda es vivir en ella' para mostrar el punto desde donde nace su escritura, la "hermenéutica" del libro.

"Estamos rodeados por el mar, explica Llop a Efe, y eso determina y marca una forma de entender y comprender el mundo a escala, y la ciudad es un laboratorio de ese mundo, en ella siempre existe una dualidad que se da en todas las islas, y es la cuestión: ¿me voy o no me voy? Esto es lo que vertebra 'La ciudad sumergida'".

"El libro es el resultado de esta decisión de vivir en Palma, de escribir este libro para quedarme en paz con mi propia ciudad. Un equilibrio cuyo resultado es que la ciudad y el autor son la misma cosa, una especie de 'melting pot'", precisa Llop, considerado en Francia, donde tiene un enorme éxito, un autor "de culto".

El libro se divide en tres partes. En la primera se expone la voz del narrador, la formación sentimental de esa voz y los referentes tanto culturales como de la familia como alegoría de la sociedad, con mirada sonámbula y de color sepia.

"La Palma en la que nací era una sociedad rica y mestiza, donde el abogado y el afilador vivían en la misma casa aunque sus viviendas fueran distintas, donde había luz y el dinero no marcaba la cartografía de la ciudad", precisa.

Una Palma "provinciana y mediterránea pero también cosmopolita y culta y turística", añade, y que a los compañeros de generación del autor de "La cámara de ámbar" les permitió escuchar sin censura, por ejemplo, los discos de rock, como los de los Rolling Stones o Lou Reed, gracias a la Sexta Flota Americana, que traía a la isla la novedad. El contraste con la península en los finales de los 60 y los 70 era evidente.

En la segunda parte, el poeta y narrador describe la sociedad "con sus vicios y virtudes" y explica lo que es una ciudad que oscilaba entre "Madame Bovary", el cosmopolitismo de entre guerras, "La Regenta" y el turismo de los 60, mezclado todo con el principio del hippismo y con la curiosidad de haber sido refugio de artistas tanto europeos como americanos, dobles agentes o "pieds noirs".

Y el cierre de este libro es toda la poética de la escritura de este autor, la manera de vivir la ciudad y la decisión de escribir este bello texto, "la poética o el taller de donde salen todas mis novelas", añade.

Pero también este volumen sobre esa Palma sumergida por la realidad está lleno de música y ritmo, de música de los años 60 y 70. Una isla en color llena de vida que contrasta con la Palma de hoy.

"Hoy, como muchas ciudades europeas, la ciudad se ha homogeneizado mucho. Se ha perdido el mestizaje, y la cartografía de la ciudad se mide por el caché, por el dinero. Pero yo no he dejado de vivir en la ciudad sumergida. Vivo entre la realidad y la memoria, pero no con una memoria elegíaca, sólo me desplazo por las calles donde he crecido", sostiene.

La novela de José Carlos Llop es toda una reivindicación de la ciudad como "lugar de civilidad, una cosa que se olvida. La novela es indisociable de la ciudad. Berhard decía que la ciudad es una enfermedad mortal; yo no, yo creo que es una enfermedad moral", concluye.

Carmen Sigüenza

 

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