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LA VOZ LIBRE

GUERRA GARRIDO

"Quien sueña novela", el desafío de jugar con los sueños de Guerra Garrido

Efe
jueves, 11 de marzo de 2010, 13:24


"Quien sueña novela", el desafío de jugar con los sueños de Guerra Garrido "Quien sueña novela", el desafío de jugar con los sueños de Guerra Garrido

San Sebastián.- Raúl Guerra Garrido asume en su último libro, "Quien sueña novela", el desafío de manejar los sueños de una forma nueva, como parte de una historia realista, persuadido de que "lo más sincero, lo más último, lo que queda de la intimidad de uno" es lo que se manifiesta cuando dormimos.

La obra de Guerra Garrido, ganadora del XI Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones, se desarrolla en un Madrid no explícito pero reconocido, por el que el protagonista inicia a las diez de la mañana un viaje de doce horas hacia una cita ineludible y enigmática durante el cual se van intercalando sus sueños.

El autor, que entre otros galardones cuenta también con el Premio Nadal (1977) y el Premio Nacional de las Letras (2006), presenta hoy en Madrid "Quien sueña novela", publicada por Alianza Editorial y desde este mes en las librerías.

"Los sueños han sido utilizados en narrativa hasta el infinito y he procurado darles un tratamiento diferente. Lo que hago es jugar diciendo que la verdadera realidad está en los sueños, que están contados en segunda persona partiendo del apriorismo de que somos más actores que autores de ellos", explica el escritor en una entrevista a Efe.

Guerra Garrido (Madrid, 1935) los coloca en el "tapete" como si fueran los cuentos de "Las mil y una noches", a los que hace un guiño constate en un divertimento que busca "estimular la imaginación" y que se abre a la lectura en diferentes escalas, desde la ambigüedad del título mismo de la novela.

Pero las referencias literarias no se limitan a los relatos de Sherezade. "Quien sueña novela" contiene alusiones a numerosos autores, como Joyce, cuyo "Ulises" se sugiere en sus páginas.

La ficción convive con lo autobiográfico porque el protagonista es "un trasunto" del autor, pero la invocación de los recuerdos no lo convierte en un libro de memorias, que Guerra Garrido cree que no interesaría a nadie.

"A quién le importa si has dormido en las ingles de Madonna o de Maradona", una frase del libro que repite el escritor, que ve el género memorístico como "el primer síntoma de la debilidad del novelista".

"No voy a contar ni mis grandes crímenes ni mis grandes milagros, pero ahí están mis sueños. Hay muchos que se repiten, dan mucho juego y me he encontrado con eso muy cómodo", asegura el autor de "La Gran Vía es New York".

Lo onírico se interrumpe bruscamente como ocurre con los sueños de verdad y el autor deja las frases en suspenso para dar paso al deambular de su personaje en capítulos que empiezan siempre con un punto, como parte de su preocupación por la estructura narrativa.

Sus opiniones, que no "encíclicas", sobre el oficio de la escritura quedan trababas "al hilo" de las meditaciones y vivencias de su "alter ego", desde su gusto por los diálogos "sutiles e inapropiados" a la consideración de la novela como "género de la experiencia".

"Lo que hay en este caso además es una alegría de narrar por narrar, que espero que perciba también el lector", señala.

Guerra Garrido recupera pequeños detalles de obras anteriores, de "Castilla en canal", "El cuaderno secreto", "La Gran Vía es New York", y también rescata dos relatos, "Con tortura" y "Corto viaje hacia la muerte", que le llevan a Euskadi, donde vive y ha sufrido como muchos la violencia terrorista.

Pero no habla de su farmacia de San Sebastián, que desapareció entre las llamas causadas por la gasolina y los cócteles molotov, sino de la dolorosa pérdida de su amigo José Luis López de Lacalle, al que mataron "los infames herederos de Auschwitz".

"Eso aflora, sobre todo cuando dices 'no voy a pensar' en nada, como hace el hombre de la novela", explica el escritor, que sin embargo mantiene como en otras obras suyas esa mirada irónica sobre la gente, los lugares y las cosas.

"Es así, muchas veces cuando todo es más difícil el distanciamiento irónico es la mejor defensa. Es una barrera", afirma.

Ana Burgueño

 

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