Sin pelos en la lengua
(06.07.09) El 2 de julio de 2009 puede ser un día histórico para Aragón. Por primera vez en 27 años, el Gobierno de la Comunidad da un primer paso en pro del reconocimiento de la realidad lingüística de la región. El PSOE ha presentado el proyecto de Ley de Lenguas, un tema muy sensible que levanta no pocas discrepancias.
En 2007 entró en vigor el nuevo Estatuto de Autonomía. Las esperanzas de los grupos que desde hace años abogan por el reconocimiento del aragonés y del catalán como lenguas propias de Aragón se vieron truncadas. La única alusión indirecta a la diversidad lingüística de la región se hacía presente de forma descafeinada.
Hace prácticamente diez años, Marcelino Iglesias asumió la presidencia de la región e incluyó la Ley de Lenguas entre sus compromisos de Gobierno. Tras dos legislaturas y media y un intenso año de negociaciones con su socio, el Partido Aragonés Regionalista (PAR), finalmente el PSOE ha presentado el proyecto en solitario. Diez años con la Ley de Lenguas encima de la mesa, más de veinticinco pidiendo su reconocimiento.
Uno de los principales motivos de polémica es si la lengua que se habla en Aragón Oriental es o no es catalán. Personalmente no me apasiona demasiado su inclusión en la Ley de Lenguas, pero tengo la sensación de que esto es un ‘todo o nada’. Las discusiones continuas acerca de esta cuestión han provocado que el simple reconocimiento de la existencia del aragonés se haya pospuesto veinticinco años.
Ésta última, derivada del latín (al igual que el gallego, el astur-leonés, el castellano y el catalán), fue la lengua histórica propia del Reino de Aragón. Por diversas razones el castellano se transformó en idioma de prestigio y el aragonés perdió su área de influencia, quedando relegado al Pirineo. Actualmente lo hablan poco más de 10.000 personas y lo conocen únicamente 30.000. Durante muchos años, las generaciones pasadas se avergonzaban de él. Sin embargo, a comienzos de la Transición la situación cambió y un pequeño grupo de personas comenzaron a luchar para rescatar del olvido una parte importante de nuestro patrimonio cultural.
Nadie está hablando de normalización lingüística. Hay que ser realistas. El español es la lengua materna de la práctica totalidad de los aragoneses. Es mi lengua y la de casi todo el mundo que conozco. Lo hablan más de 450 millones de personas. Por supuesto, las cifras no son en absoluto comparables. Nadie pretende obligar a nadie a aprender una lengua ni imponerla por la fuerza en ningún sitio. Sería absurdo y si me lo permiten, bastante idiota. Lo único que venimos reclamando desde hace muchísimo tiempo es que se reconozca la existencia de una lengua que más mal que bien ha logrado seguir viva, una lengua que de una forma u otra es parte de nuestra cultura como pueblo. Quizás en una ciudad de 5 millones de personas como Madrid esto sea difícil de entender, pero en la montaña la cultura autóctona ha logrado preservarse y para nosotros es algo tremendamente valioso. Que exista como asignatura optativa en los colegios. Que quien desee aprenderla no se las vea y se las desee. Personalmente no creo que sea pedir mucho.
> En la imagen: Marcelino Iglesias, presidente del Gobierno de Aragón.