'En septiembre la realidad será que la imposición lingüística permanecerá, disfrazada entre consultas sobre una o dos asignaturas, pero ahí seguirá'
GLORIA LAGO
domingo, 10 de enero de 2010, 18:53
Madrid.- Por su interés, recogemos el artículo publicado por Gloria Lago, presidenta de 'Galicia Bilingüe' en 'La Voz de Galicia', sobre el proyecto de utilización de lenguas en la enseñanza en esa comunidad autónoma elaborada por la Xunta:
Era difícil, pero valía la pena. Para unos ciudadanos de la calle, darle vida a un movimiento que surge con firme voluntad de independencia, era arriesgado. Con sus 100.000 firmas lograron la primera meta: la palabra imposición dejó de ser un tabú llenando los labios de libertad. Después llegaron el reconocimiento, las promesas, las elecciones, pero el verdadero reto llega ahora, al enfrentarse a la impostura; no a la de quienes pintan un corazón en la mesa para simular que donde antes se comía hoy tan solo se ama, sino a la de quien hace malabarismos con sus propias palabras para intentar ocultar un engaño. Lejos de su despacho, de sus asesores y de sus fabricantes de argumentos y eufemismos, la calle continúa viviendo la realidad.
Quienes no tienen otro interés que el beneficio de los escolares y la libertad de todos seguirán informando; es, pues, un esfuerzo estéril ocultar que en las otras democracias a los padres se les ve capacitados para elegir la lengua en la enseñanza, que allí cooficialidad no implica bilingüismo individual obligatorio, que la enseñanza bilingüe es voluntaria en los países número uno en educación, pues el esfuerzo añadido requiere motivación, que la pirueta trilingüe sin profesores disponibles ni alumnos capaces de aprovecharla es una inviable maniobra de distracción para tapar un incumplimiento. No cumplió. Le habían pedido un sistema europeo de elección de lengua vehicular; él prometió elegir las asignaturas troncales y potenciar la otra lengua en las demás. Pero no cumplió. De nada sirven los sucesivos intentos de falsear sentencias y contenidos constitucionales, pues chocan con la realidad de que, con la misma legislación, en otras autonomías eligen los padres; de nada servirá recurrir ahora al Estatuto o a la ley, los conocía muy bien cuando hizo sus promesas.
En septiembre la realidad será que la imposición lingüística permanecerá, disfrazada entre consultas sobre una o dos asignaturas, pero ahí seguirá. La preservación de una lengua mantendrá su estatus por encima de la educación de los niños. Y él habrá dilapidado la ilusión de quienes esperaban un derecho que en el futuro sería muy difícil retirar, la ilusión generada por quien había enarbolado una bandera no por convencimiento, sino por estrategia. ¿Por qué no podemos aspirar a un presidente que diga la verdad?