
Pontevedra.- Lucrecia García es la directora de 'El Kiriko', una granja escuela situada en la localidad pontevedresa de Fornelos de Montes, dedicada a fomentar el contacto con la naturaleza a través de actividades orientadas a grupos de todas las edades. El 18 de noviembre de 2008, Lucrecia se encontró con la desagradable sorpresa de que la 'Mesa por la Normalización Lingüística' de Galicia iba a denunciar a su centro ante la Inspección de Trabajo por, supuestamente, “prohibir a sus trabajadores usar el gallego”. La noticia fue publicada por numerosos medios de comunicación después de que la Mesa ofreciera una rueda de prensa. Ningún medio se puso en contacto con Lucrecia -tampoco la Mesa- para confirmar la información.
- ¿Qué tipo de empresa es la granja escuela 'El Kiriko'?
- Realizamos campamentos para grupos de niños enviados por colegios o por ayuntamientos de toda España y siempre hemos hablado indistintamente tanto en gallego como en castellano, en función de la lengua utilizada por cada colegio.
- ¿Qué hechos dieron lugar a que saltara la noticia de que La Mesa por la Normalización le había denunciado?
- Tuve un problema puntual con un par de trabajadores. Ellos llevaban varios años en la empresa, tenían cierta antigüedad y, deseosos de buscar una salida victoriosa, querían que yo les despidiera. Me negué y les respondí que si no estaban conformes podían irse ellos mismos, por lo que optaron por utilizar única y exclusivamente el gallego desde ese momento. Yo les dije que, por favor, con los niños hablaran en castellano, ya que tengo campamentos de toda España. No me hicieron caso y se lo puse por escrito. Ellos contactaron con la Mesa por la Normalización y ésta envió mi escrito a los medios de comunicación.
- ¿La Mesa por la Normalización se puso, en algún momento, en contacto con usted con el objetivo de contrastar las declaraciones de estos dos trabajadores?
- No, en ningún momento. Nadie contrastó esa información. Dieron una rueda de prensa y, a partir de ahí, organizaron un lío tremendo, pero en ningún momento contrastaron la información. Por eso, al ver publicada una noticia, mi primera reacción fue pedir una cita con Carlos Callón, presidente de La Mesa por la Normalización Lingüística. Quería tratar el tema con él personalmente. Después de insistir muchas veces, finalmente me atendió. Le expliqué la situación y pareció que lo había entendido. Aceptó que lo que le estaba contando era cierto y que, por tanto, tenía que pedirme disculpas. Lo hizo y me aseguró que también las pediría públicamente, pero todavía estoy esperando a que lo haga.
- ¿Qué consecuencias ha tenido para usted?
- Hago una valoración global seis meses después y he salido beneficiada. Al enterarme de la publicación de la noticia, mi abogado me recomendó que fuera cauta e, incluso, más inteligente que ellos. Así que, hablé con cada uno de mis clientes, a los que expliqué la situación y todos lo entendieron perfectamente. Por ejemplo, tengo como cliente al ayuntamiento de Ames (La Coruña), gobernado por el Bloque Nacionalista Galego (BNG). Su alcalde me llamó nada más publicarse la noticia y me dijo que no sabía cómo me habían podido hacer eso, ya que sabía cómo trabajábamos. Tenía constancia de que no era cierto. De hecho, yo cierro todos los años con ellos un campamento de 140 niños en verano y lo he vuelto a cerrar este año.
- ¿Se puede decir entonces que ha salido reforzada?
- Sí. Mis clientes son de Galicia como de otros puntos de España y siempre hemos profesado un respeto absoluto por cada uno. Si viene a la granja un centro que desea expresarse en gallego y que nosotros nos dirijamos también en gallego a los niños, lo hacemos sin ningún problema; y lo mismo si es en castellano. Soy gallega, vivo en Galicia y jamás he tenido una postura intransigente con respecto a este idioma. Es más, no quiero que nadie me incline por un lado o por el otro, que es lo que, precisamente, hizo La Mesa al tildarme de “anti gallega”. Les expliqué que no rechazo el gallego. Esto sería ridículo. Siempre hemos utilizado cada lengua en función de lo que nos pida cada colegio.
- ¿Hay más casos como el suyo o cree que esta presión ha remitido últimamente?
- Creo que la fuerza que La Mesa tenía antes ya no la tiene. Creo que el número de casos es inferior. En esta organización llevan las cosas a unos extremos que no tienen razón de ser. La Mesa busca la confrontación, pero en mi caso no lo van a conseguir. Adecuamos el idioma a cada colegio y ya está. De hecho, nuestra propia página web está en ambas lenguas. Yo misma le dije al presidente de La Mesa que francamente no pensaba que él conociera muchas pequeñas empresas que tuvieran una página totalmente bilingüe. Siempre he tenido claro que me debo a la comunidad educativa de Galicia y aquí hay muchos sitios donde se utiliza el gallego de forma habitual.
- ¿Se sintió traicionada?
- Totalmente. Lo único que hizo La Mesa fue buscar polémica, lo que me molestó mucho, ya que siempre he tenido muy buena relación con los medios gallegos, tanto con los locales como con los regionales. Buscan el lío y no se dan cuenta de que una tontería así puede hacer mucho daño. Yo soy de Vigo, llevo toda mi vida en Galicia, mi familia tiene varias empresas aquí y nunca ha habido ningún problema. La sociedad siempre ha tenido una convivencia ejemplar. Sin embargo, durante estos últimos años ha habido un 'boom' repentino que nos ha hecho pensar si de verdad hacía falta llegar a esto.
- Cuando apareció la noticia, ¿los medios la llamaron?
- Nadie lo hizo, me sentí sola, sin poder contar la realidad. El mundo se me vino encima. Luego, con el apoyo nuestros clientes, volví a recuperar la esperanza de que saldríamos adelante.
