Madrid.- Adriana Abenia (Zaragoza, 1984) acaba de cerrar su etapa como reportera de 'Sálvame' y ya piensa en lo que está por venir no muy lejos, en Cuatro. De su paso por el magacín de Telecinco se queda con los buenos momentos y dice que ahora sólo quiere "seguir creciendo profesionalmente" sin tener que sacrificar sus valores.
- ¿Qué recuerdo tiene de 'Sálvame'?
- Sólo han pasado dos semanas desde que rompí mi vínculo con el programa y tengo la sensación de que han transcurrido meses. Mi paso por 'Sálvame' ha sido muy positivo. Mi objetivo era aprender, aprender y aprender y, con un año a mis espaldas, lo que ha durado mi contrato en uno de los programas con más audiencia de la televisión, aunque también uno de los más controvertidos, disfruto de la satisfacción personal del sabor del trabajo bien hecho.
- Se notaba cierta tensión en su relación con Belén Esteban. ¿Qué es lo que le desagrada de ella?
- Era muy gracioso cuando al concluir mi sección, recibía numerosos mensajes al Facebook y al Twitter para que recalara en la actitud de Belén cuando aparecía en plató. No te creas que no era consciente, de pronto la observaba en el monitor durante mi "momento de gloria" devorar revistas, abrir y cerrar el bolso sistemáticamente, ponerse a hablar con su vecino de mesa [risas], pero ¡quién dijo que todo el monte fuera orégano! Estos momentos los incluyo como parte de mi aprendizaje, éste formaría parte de la lección "cómo captar la atención del público ante las adversidades". Al margen de eso, la relación fuera de cámaras era amable y respetuosa y pienso que Belén es buena gente.
- ¿Ve a Belén como un animal televisivo o como un mónstruo que acabará devorándose a sí mismo?
- La considero un filón televisivo, pero creo, bajo mi humilde opinión, que hay que saber dosificarse para que no se vea afectada tu salud mental y no cansar. No me imagino ser por un día ella, tiene que ser complicado vivir asediada por paparazzis y no poder pillar ni siquiera el metro, yo acabaría loca. Un día me preguntó dónde me había comprado un mono de vestir negro que le encantaba, le dije que en H&M y de repente me vino a la cabeza la imagen de Belén Esteban como una ciudadana más de a pie intentando dar con el trapo en pleno centro y me resultó imposible. Yo necesito preservar mi vida personal y desconectar de este mundo de cartón piedra al apagarse las luces. Eso te hace más libre.

-¿ Cuáles son, a su juicio, los riesgos de la televisión?
- Encasillarse, que se te suba a la cabeza, perder el anonimato y vivir en un mundo de mentira creyendo que lo que ocurre dentro de la tele es real y que todo el mundo es amigo. Curiosamente algunos de estos, como la marea, aparecen y desaparecen dependiendo de tus éxitos o fracasos.
- De sus asaltos callejeros, ¿cuál fue el más singular?
- Prefiero recordarlos con cariño todos en conjunto, cada uno tuvo su aquel.
- ¿Se sentió siempre arropada por Jorge Javier Vázquez en sus presencias en plató?
- Siempre. Se ha portado conmigo de lujo y ha sido una pieza fundamental para que yo me sintiera tan a gusto en el programa. Me seguía en mis locuras y me daba mucho juego. También me he sentido muy arropada por el público que nos ve, al que le debo muchísimo y doy las gracias. Sin él la gente de televisión no seríamos lo que somos.
- ¿Cuánto de ingénuo y bobalicona tiene en su vida real del presonaje que interpretaba en 'Sálvame'?
- El personaje tenía de ingenuo cuarto y mitad, que no de bobalicón, sobre todo al principio, que juegas con el factor sorpresa y estás definiendo tu personaje e intentas dar que hablar. De hecho el personaje era hábil dándole la vuelta a Jorge, muy imaginativo. Al final ya era más comedida, sentía que podía encasillarme en ese papel y cerrarme puertas de cara a otros proyectos. Hay gente a la que le sorprende hablar conmigo y comprobar que soy muy analítica, que no hablo cantando o que no estoy riéndome constantemente. Me intriga comprobar que la gente se cree todo lo que ve en televisión.
- Porque, ¿interpretaba, verdad?
- Me complace saber que he sido creíble. Conmigo "ella" compartía la alegría, la ilusión, la humildad y la naturalidad.
- ¿Hubo un momento de asfixia y sentió ganas de irse de 'Sálvame'?
- No, decidimos de mutuo acuerdo dar fin al personaje. Ha sido una salida amistosa y les voy a echar mucho de menos, a todos ellos, que han sido para mí como una familia. Ahora lo seguirán siendo fuera de La Fábrica de la Tele. 'Sálvame' es un gran show, un espectáculo, como bien describe Paz, "un circo", y al final, uno piensa en el riesgo que asume si sigue ciertas directrices y se decide en una mesa redonda, con los deberes hechos, que la solución es emprender nuevos caminos, muy agradecida y con la lección aprendida.
- ¿Se sentió decepcionada por no ser elegida como presentadora en Supervivientes?
- Sólo tengo palabras de agradecimiento hacia la cadena por haber barajado mi nombre. Para ganar finales, hay que jugarlas.
- Ahora suena como presentadora en el nuevo programa que la productora Mandarina está preparando para Cuatro. ¿Qué estarías dispuesta a hacer por estar ahí? ¿Y qué no sacrificarías nunca?
- Mi intención es, una vez he vivido las inclemencias del tiempo durante el invierno, que me he llegado incluso a convertir en una yonkie de la homeopatía, la miel y la vitamina C, buscar cobijo y estar "bajo techo". En el programa en el que finalmente aparezca, como en todo lo que hago en mi vida, pondré el empeño, las ganas y la ilusión para que todo salga bien y, de esta manera, seguir creciendo profesionalmente junto a nuevos compañeros. Sin sacrificar mis valores.
- ¿Cómo lo lleva su novio, Sergio, tras convertirse usted en estrella deseada.
- ¿Estrella deseada? [Risas] ¡Eso no va conmigo! Yo soy una chica sencilla que disfruta con su trabajo y que lo vive como una experiencia más de vida para contar a sus nietos. De todas formas, él respeta mi trabajo y me apoya en todas mis decisiones. A veces, quienes se consideran estrellas, acaban estrellados.

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