Sangre en la protesta
Juan Manuel Pardo, agredido por asistir a la manifestación contra la imposición del gallego
Juan Manuel Pardo: "El gallego normativo es incomprensible hasta para los propios gallegos"
Santiago de Compostela.- Juan Manuel Pardo Valdés aguantó la manifestación hasta el final. No le frenó ni el dolor ni la sangre en su ojo derecho, ni tampoco las miradas de los más de cinco mil manifestantes congregados en Santiago de Compostela por la plataforma Galicia Bilingüe, el pasado 8 de febrero, para protestar contra la imposición del gallego como único idioma en las escuelas y en la vida oficial de la comunidad. Al fin y al cabo, había recorrido 120 kilómetros entre su localidad, Outeiro de Rei (Lugo), y la capital de Galicia, y no iba a rendirse en los últimos quinientos metros.
En medio de los insultos y agresiones con botellas y piedras, lanzadas por grupos de radicales nacionalistas, que trataban de reventar el acto, Juan Manuel Pardo no había soportado más el atosigamiento y respondió de palabra a los provocadores. Acabó rodando por el suelo y con una patada lanzada por un joven que alcanzó su ojo derecho.
- ¿Por qué acudió a la manifestación?
-Aquí se presentó como si hubiera sido una manifestación contra el gallego. Yo vivo en una aldea y hablo el gallego, así que no se puede decir que fuera contra nosotros mismos. La situación de bipartito del socialista Pérez Touriño del BNG era insoportable. La menor de mis cinco hijos, que estudia en un centro público, recibe todas las materias forzosamente en gallego, ni una en español, tan solo la de Lengua, un par de horas a la semana. Habla un gallego precioso, con giros riquísimos porque está en contacto todo el día con la gente de la aldea. Pero como el idioma en los libros es totalmente artificial e inventado por la Academia Galega y la Mesa por la Normalización, con la bendición de la Xunta, que luego lo aplica a los libros y a la vida oficial, la niña tiene que traducirse la lección a español, estudiarla y luego volverla a memorizar en gallego.
- Por lo tanto, ¿no se arrepiente de haber asistido a la manifestación?
-Me arrepiento de haber contestado a la provocación. Debía haberme callado y aguantar que pasara todo, tragar saliva y no rechistar. Me da vergüenza a mi edad estar metido en estos líos. Los radicales fueron allí a tirar cascos de botellas, quemar contenedores y apedrear a la gente. Y también a sacarnos de nuestras casillas. En mi caso lo consiguieron.
- Tiene usted unos antecedentes familiares cuanto menos curiosos.
-Mi tío bisabuelo fue Eduardo Pondal, médico de la Armada y autor del actual Himno de Galicia. Recientemente la Xunta publicó un libro que recogía un manuscrito suyo en el que pedía que el himno no se utilizara contra España o para generar enfrentamientos. Por supuesto, hay grupos que no quieren tener en cuenta ese mensaje.
- ¿Hay un conflicto lingüístico en Galicia?
-A pesar de mi incidente, entre la gente no hay problemas. Siempre hemos hablado los dos idiomas. Incluso en Cataluña, donde he pasado algunas temporadas, he visto a ‘mossos d’ esquadra’ y a guardias civiles en armonía, gente hablando uno en un idioma y en otro, conviviendo. El conflicto lo han generado los políticos, especialmente los de la izquierda, que han cedido a la presión de los nacionalistas.
- Y en Galicia ¿cómo es la situación?
- Aquí todo el mundo habla gallego, un idioma precioso. Mi mujer, mi hija lo hablan… me encanta oírlas. Unos hablan en gallego, otros en español y todos lo hacemos sin conflicto. El problema es de los gobiernos radicales que han surgido ahora entorno al PSOE, que tratan de radicalizar la situación y acabar con la convivencia.
- ¿Cómo lo hacen?
-El gallego normativo es incomprensible hasta para los propios gallegos. Es de chiste. Se trata de un gallego inventado, en el que gran parte de las palabras no las entiende la población. Se conocen gracias a repetirlas machaconamente la televisión autonómica. El gallego que quieren imponer no lo fabrican los gallegos con el uso, sino los organismos oficiales de la Xunta. Ese idioma no es el que habla la gente. Así que cuando vienen a la aldea los estudiantes de Santiago, con su gallego de laboratorio, la gente de aquí se ríe y dice: “Mira que ben fala o alemán o señorito” [“Mira qué bien habla el alemán el señorito”].
- ¿Tan paradójica es la situación?
- Así es. El primer objetivo del aparto político lingüístico de la Xunta es buscar siempre una palabra distinta y muy diferenciada del español. Si tienen que dar una vuelta de tuerca, lo hacen. Si no encuentran el término suficientemente diferenciado, entonces buscan en la lengua portuguesa. La televisión comienza a repetir el término y, aunque la gente no lo utilice, al cabo de un tiempo lo entiende porque lo ha ido asimilando por el contexto en el que lo emplean los locutores. Por ejemplo, en Galicia nunca se ha utilizado la palabra ‘estrada’ (‘carretera’ en portugués), pero nos la imponen cada día. Y así cientos de palabras.
- ¿Por qué no presentó denuncia por la agresión que sufrió en la manifestación?
-Mire, yo hace ya muchos años milité en la ultraderecha. Y si lo hacía, ya les daba el titular, acabaría pareciendo yo el provocador. Así de triste es el asunto. Si has pertenecido a la extrema derecha, aunque fuera hace 30 años, y te cascan, pues bien cascado estás.
- ¿Tuvo miedo?
-En absoluto. Lo que no quería es complicarme la vida con una denuncia que serviría para poco. Si uno ha sido en el pasado de extrema izquierda y te integras en ámbitos más moderados, te organizan homenajes. En cambio, si has pertenecido a la extrema derecha y haces el recorrido a la moderación, te siguen guillotinando. Todo el que se ponga a mi lado está contaminado y yo no querría perjudicar a Galicia Bilingüe.
