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LA VOZ LIBRE

La hora de la generosidad

Mariano Gomá
miércoles, 30 de diciembre de 2015, 19:15

Ha empezado estos días la ronda de contactos entre líderes y partidos para intentar formar algún tipo de gobierno estable en España, porque de Cataluña ya ni hablamos, después del incierto y variopinto resultado de las pasadas elecciones. Ofrecimientos, portazos, desencuentros y estrategias varias para conseguir parcelas de poder a mayor gloria de las siglas y sus dirigentes, mientras los ciudadanos de a pie y pueblo llano seguimos el camino de la supervivencia sorteando todo tipo de obstáculos, soñando con una recuperación económica y la solución de tantos y tan graves problemas sociales.

Me parece una cruel injusticia que la gente se vea arrastrada por las peleas de gallos, o gallitos, que tan solo persiguen notoriedad y un lugar en la Historia  aunque ese sitio sean las catacumbas del olvido o las letrinas del desprecio. Y en ese escenario es donde debemos, no demandar, sino exigir una gran dosis de generosidad para que este país pueda seguir su camino que parece hoy día ser de una cierta esperanza.

Ya sé que como fenicios, mercaderes y truhanes, no podemos siquiera entender al pueblo alemán que fue capaz de, generosamente, establecer un acuerdo de país colaborando para remar juntos en aguas turbulentas, sin que nada sucediera después en el prestigio político de las ideologías y sus dirigentes. Tampoco podemos pretender aplicar la generosidad francesa que es capaz de sacrificar ideologías con el voto útil para impedir una notable victoria de la ultraderecha xenófoba; y mucho menos jamás tendremos el frío, práctico y eficaz sistema político de los países nórdicos, simplemente porque no somos así ni tenemos la riqueza de sus recursos naturales. Y, por supuesto, a nivel estratosférico nos queda Suiza con su confederación cantonal en la que se hablan cuatro idiomas sin que nadie hable el idioma del vecino, aunque en todo el país la rotulación sea en todas las lenguas oficiales y muy poca gente sabe, ni siquiera allí, quién es el presidente o presidenta del Gobierno.

Y así las cosas, me parece que es fundamental el ejercicio de inteligencia que despoje a los líderes políticos de la soberbia de la que hacen gala y les conduzca a una mesa de generosa negociación para alcanzar acuerdos globales y básicos de Estado. Tiempo tendrán después de volver a la lucha ideológica por el poder, y no deben dudar que los votantes seguirán confiando en ellos aunque solo sea por el agradecimiento de haber aplicado la necesaria dosis de generosidad.

Es necesario atacar de inmediato y de forma contundente con amplísimas mayorías parlamentarias el tema de la corrupción, castigando de forma ejemplar a todos los aprovechados y vulgares ladrones aunque hayan ostentado la máxima honorabilidad y altos cargos. Necesitamos un acuerdo nacional por la educación que nos saque de los puestos de cola del mundo. Debemos con urgencia reforzar la independencia de la justicia y de los medios de comunicación públicos, así como una nueva ley electoral que repare las injusticias de la actual. Y, por supuesto, la reforma de las instituciones del Estado que han sido intoxicadas por el clientelismo de la clase política.

Y, finalmente, el refuerzo de la unidad de todos los pueblos, culturas y sensibilidades de España con la exaltación de todo aquello que nos une y es positivo, arrinconando los venenos separatistas y destructivos que pueden dar al traste con todo lo que hemos conseguido en democracia con tanto esfuerzo e ilusión.

Como creo, sinceramente, que ese es el mensaje que claramente ha enviado el electorado en las últimas citas con las urnas, creo que los partidos y sus dirigentes debieran apartar sus egoísmos, dedicando todos los esfuerzos necesarios para un acuerdo de Estado que nos fortalezca como país y con el que podamos llamar a las puertas del mundo de forma sonora y ejemplar.

Por todo ello, considero que debo hacer pública mi petición de que ha llegado la hora de la generosidad con mayúsculas para conformar un gobierno estable y potente que gobierne realmente, para resolver los grandes retos, poniéndole, si se quiere, fecha de caducidad para una vez ofrecidas al conjunto del país las soluciones pactadas de forma global volver a las luchas partidistas y personales que tanto les agradan.

Creo en el derecho a decidir y creo tan firmemente que ya lo hemos ejercitado. Y en las últimas elecciones hemos decidido todos los españoles que queremos un gobierno de concentración, no bipartidista, que sea capaz de corregir un rumbo desajustado por su propio envejecimiento y que con la irrupción de posturas emergentes, consigamos un país al estilo de nuestro siglo.

Quizás peque de romántico o iluso, pero créanme que la solución segura y eficaz es la del diálogo, la inteligencia y la generosidad.

*Mariano Gomá es vocal de la Junta Directiva de Societat Civil Catalana y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

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