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LA VOZ LIBRE

Algo más que discrepancias

lunes, 21 de septiembre de 2009, 16:20

El PSOE es un partido extremadamente disciplinado y poco dado a las disidencias. La cultura del partido, dicen los veteranos, pasa por dirimir las diferencias en casa, pero no en público, porque eso supone dejar un flanco descubierto al adversario.

Claro que hay ocasiones en que las costuras revientan y desde fuera se pueden otear las diferencias. Cuando eso sucede, se asustan y de inmediato montan un "hapening" para ofrecer una imagen de unidad, de que en sus filas nunca pasa nada. Y más o menos es lo que va a pasar en la reunión del Comité Federal del PSOE, que incluso algunos de los que más critican a Zapatero, aplacarán sus críticas y defenderán ante los periodistas que en el PSOE no pasa nada y que están todos a una con Zapatero.

La realidad es otra claro está. Zapatero ha ido decepcionando a buena parte del PSOE y de los votantes socialistas, pero como ha ido ganando elecciones, justitas, pero ganándolas, nadie ha dicho ni una palabra, o por ser más precisos, las palabras que se han dicho se ha procurado que no trascendieran.

Y así habría continuado sucediendo si no hubiera sido por la crisis económica. Son muchos los socialistas que ya no son capaces de contener por más tiempo sus criticas al presidente, de describir lo obvio, que no sabe cabalgar este tigre, que improvisa, que tiene un gobierno que no es consistente, que sus políticas son erráticas, y que, por si fuera poco, ni escucha ni tiene en cuenta las opiniones de los demás. Incluso que es rencoroso y no perdona a quienes le critican o le llevan la contraria.

Por decirlo claramente, buena parte de la familia socialista está evidenciando lo poco que confía en Zapatero, mientras desde Moncloa y desde Ferraz se resta importancia a estas opiniones críticas, como si por el hecho de negar la realidad ésta realmente no existiera.

Lo cierto es que Zapatero se ha construido un partido a su medida, que del viejo PSOE sólo quedan las sedes, que nunca este centenario partido ha sido gobernado con tanto personalismo y mayor gloria del jefe como en la etapa Zapatero. Y que éste parece creer que se basta solo para hacer y deshacer a su antojo.

No quiero pensar lo que dirán de él el día en que pierda unas elecciones o pierda un congreso. Muchos de los que hoy no se atreven a rechistarle serán los primeros en mostrar su desafecto, en justificar su silencio por el miedo al jefe.

Porque le tienen miedo, porque detrás de su sonrisa helada y de su aparente talante amable se esconde un político duro, con cientos de aristas, implacable con quienes le contrarian. Pero a pesar de esto algo empieza a moverse en las filas de su propio partido y, poco a poco, empiezan a filtrarse las primeras voces disidentes.

Ya digo que intentarán acallar estas voces, presentarlas como simples diferencias de criterio, que incluso darán muestras de una unidad sin límites, pero a pesar de todo se seguirán colando por las rendijas ese malestar latente.

Claro que Zapatero tiene un gran aliado para gobernar, el mejor que nunca habría podido soñar. Me refiero a Mariano Rajoy. Mientras la alternativa sea Rajoy, Zapatero se puede seguir permitiendo lo que quiera. ¿O no?

 

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